El baile inolvidable de los 90

Carta de Eva

Querida Flor, 

Tras ortodoncias excesivas mi dentadura se fue rompiendo. Apenas queda un colmillo sano y una muela a la que he sacado tanto partido que la de abajo grita para que repartamos un poco más el peso. Me van a rehabilitar la arcada superior pero cuando despedí a papá no se lo conté. No lo echo de menos. Incluso le estoy encontrando encanto a la ausencia de asustamientos. No nos merecen la pena. No sé si solo ahora o si en general no merecen. Lo bueno, sin embargo, merece todo lo que le pongas: el amor, el disfrute, la ternura, las caricias, las cosquillas, la potencia de vida. Estos días bailo a Bad Bunny… “si me ves solo y triste no me hables, si me ves solo y triste soy culpable, la vida es una fiesta que un día termina y fuiste tú mi baile inolvidable”. Para mejor mi “tú” deviene infinito y así en cada acontecimiento encuentro mi baile inolvidable. Me valen también los acontecimientos patéticos. Recuerdo cuando me operaron del carcinoma en la teta, al despertar de la anestesia me colmó el amor más puro por un viejito en los boxes. Entre avergonzado y lloroso confesaba a una enfermera que creía haberse orinado. Ella le animaba: «no se preocupe para nada, que yo le limpio y se queda usted como una patena».

Así que aquí estoy en la tarea de asustar al miedo. En general, me funciona no quererlo evitar sino quitarle protagonismo. Hoy me ha ayudado Nilo, mi perrito. Me enternece enorme cuando caga, así a la vista de todos, mientras mira pasar un camión. Y hoy le costaba un montón… es tan gracioso. La misma paz me ha dado que mirar a las gaviotas se aparean frente a mi ventana, alborotando el mundo, para al terminar irse indiferentes cada una por su lado. Vivan pues todos los bailes inolvidables y si tardan en llegar nos queda, respirar hondo. Aunque sea mal, o aceleradamente; respirar merece todos los intentos. A veces pienso algo tan simple y aún no sé. Con mamá lo hemos usado tanto y es tan cómica porque no expira, bufa… y veces al inspirar se suena… jajajaja. Con todo al final se ritma y mejora. Estos días un día la estuve aplicando. Y ha salido muy muy bien. Conseguí acompañarles sin proyectarles mis miedos. Pude también acoger los suyos, todos para mí. Como cuando como la otra noche papá me despertó. ¡Eva, Eva…! Llevaba tiempo sin llamarme por mi nombre, tanto que me alegré incluso de escucharle confesarme que unos bichos grandes se lo iban a llevar en un sueño. ¡Tengo miedo, me dijo! Al meterme en la cama de vuelta me dije ¡y yo, papá, yo también tengo miedo, pero está todo bien… imagínate lo bien que está que sin enterarte, cuando me vaya, me vas a seguir cuidando! Otra vez, aún, me vas a ayudar a pagar otro dentista más… tú y mamá que sin darnos cuenta nos ha puesto las fotos al post. Mira que nos costó separar de la tarta sus ganicas de comer, intactas a diez años de cumplir un siglo.


Incluso le estoy encontrando encanto a la ausencia de asustamientos. No nos merecen la pena. No sé si solo ahora o si en general no merecen. Lo bueno, sin embargo, merece todo lo que le pongas: el amor, el disfrute, la ternura, las caricias, las cosquillas, la potencia de vida.

EVA

Carta de Flor

Querida Eva,

Yo también percibo con más intensidad cada cosa buena que me pasa. Y estos días, gracias a ti, un viaje a la montaña ha sido nuestro baile inolvidable. No he parado de agradecer todo lo que iba sucediendo: subirnos al avión cuando unos días antes parecía imposible; la temperatura primaveral que facilitó nuestras caminatas; esos atardeceres de tonalidades infinitas gracias a que las nubes se pusieron en huelga… Cada día vino a mí un mantra de agradecimiento por la fortuna de vivir ese viaje que ha sido un sueño saboreado foto a foto, gesto a gesto…

Estos días también festejamos que mamá acaba de estrenar sus 90 años demostrándonos que la vida tiene mucho de azar. Jamás hubiéramos pensado hace dieciséis años cuando le dio el ictus que sujetaríamos los globos que anunciaban su entrada en los 90. Y aquí estamos, en este blog, hablando de ella desde hace tres años. Fue entonces cuando nos regalamos este espacio para compartir nuestra escritura conjunta. Decidimos en aquel momento trasladar a cartas las horas que pasábamos hablando de cuidados, de cómo afrontar cada obstáculo, de cómo conciliar nuestras vidas con las de ellos, de cómo respetar sus decisiones, de cómo atenderles lo mejor posible tratando de mantener a salvo nuestra salud mental.

Hoy ya sé que la intervención sobre tus encías y tus dientes ha ido bien y que en unos días la angustia se habrá disuelto. Aparecerán otros miedos pero celebraremos nuevos bailes inolvidables. Hace un rato revisaba la novela «Inmediatamente después» que publicaste en 2008 cuando te acercabas a los cuarenta. Aquel libro casi ha cumplido su mayoría de edad y aunque en ella decías que «que inmediatamente después de ser demasiado joven, ya se es demasiado vieja» he pensado que mientras sigamos vibrando con Bad Bunny o se nos sigan iluminando los ojos al escuchar las voces cantando de Sonia y Diana, las Maritrinis, no seremos demasiado viejas y seguro que nos quedarán momentos inolvidables para bailarlos juntas.

Y aquí estamos, en este blog, hablando de mamá desde hace tres años. Fue entonces cuando nos regalamos este espacio para compartir nuestra escritura conjunta. Decidimos en aquel momento trasladar a cartas las horas que pasábamos hablando de cuidados, de cómo afrontar cada obstáculo, de cómo conciliar nuestras vidas con las de ellos, de cómo respetar sus decisiones, de cómo atenderles lo mejor posible tratando de mantener a salvo nuestra salud mental.

FLOR


Descubre más desde

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo