Cartas para tus veinte años

Carta de Flor

Querida Eva:

Deva, mi hija, cumple hoy veinte años. Estos días previos a la celebración repaso las imágenes detenidas de estas dos décadas, miro álbumes y me emociono al pensar en todo lo vivido y en cómo se han ido agrandando sus pasos hasta conseguir que hoy brindemos por este aniversario a casi 1.500 kilómetros de ella.

Me detengo en aquellas dos pulseras de hospital que marcaron la separación de su cuerpo y el mío; en aquel momento en el que mientras ella nacía también se alumbraba una madre. En aquel cordón cortado que nosotras hemos sustituido por otro amasado con ternura, amor y palabras. Hoy siento que seguimos acordonadas pero que vamos aprendiendo a soltar.

Pesa mucho la idea de que somos las madres quienes educamos y sostenemos a nuestras hijas pero a lo largo de estos veinte años me ha quedado clara la reciprocidad de este proceso. Han sido tantas las veces en las que ella me ha enseñado a ser madre. Recuerdo a menudo el libro de Eulalia Bosch ¿Quién educa a quién? en el que su hija le preguntaba algo así  como ¿mamá cuando lees un libro que miras lo blanco o lo negro? Como no deslumbrarse ante los hallazgos de la infancia, cómo no quedarse a vivir en esa otra manera de verlo todo, en esa imaginación desbordante y cómo saber acompañar a las hijas para no restar toda esa potencia. 

Hoy pienso en Deva como la Campanilla de la foto que interpretó en el colegio cuando tenía ocho años. La veo como a esa hada habilidosa del cuento de Peter Pan reparando ollas y teteras y esparciendo polvo de hadas para hacer volar a los que tiene cerca. Me quedo con ese gesto inquieto de la foto, mientras rebusca en su saquito para dispersar su purpurina mágica . Atesoro ese intento suyo de no fallar al tempo de la obra y de calmar sus nervios para que todo salga bien. Hoy me sigue pareciendo un prodigio que aquel bebé con pulsera de hospital que luego fue Campanilla cumpla ya veinte años.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, PRECIOSA ! Y ojalá te gusten las cartas que las Fernández hemos escrito para celebrar que llevamos veinte años a tu lado.

Me detengo en aquellas dos pulseras de hospital que marcaron la separación de su cuerpo y el mío;
en aquel momento en el que mientras ella nacía también se alumbraba una madre.

FLOR

Carta de Eva

Querida Flor:

Para el cumple de nuestro petalito me gustaría compartir el regalo que Deva me hizo para mis 50. Es un folio que quedará conmigo mientras tenga memoria y orden. Me fascinó todo: su grafía, cada palabra que escribió, los dibujos, la composición. Destacó una vez que nos quedamos solas en la cocina de vuestra casa y le propuse apagar la luz grande y encender la de la campana extractora. Mi obsesión de montar esos bodegones de la vida cotidiana, nuestros escenarios para cuidar las conversaciones que nos damos, lo que nos contamos más que como tía y sobrina, como hermanas.

Ahora Deva tiene substack, vive sola en Italia y recorre Europa fin de semana sí y fin de semana también. Ha ido hasta a Albania… y si no hubiera sido por su guía, Venecia no hubiera sabido a brisa grácil, a lugar algo nuestro, a brújula. Nuestra Deva, sus ojotes, su sonrisa de persona de fiar donde las haya, la mujer perfecta con la que orientarse en cualquier lugar, la misma que gracias a su pura presencia consigue cuatro tarjetas de vaporetto regaladas por esa señora que encontró en ella alguien a quien consultar en una estación de tren. ¡Cómo no buscar su sonrisa inmensa, la honda alegría que contiene, la más honesta!

Deva nos hizo todo para hacernos felices. Y a mí desde Venecia no me está doliendo la cabeza. Cuando amenaza me digo Deva estudia biología y ama a los pajaritos y a los hongos, y con todo nuestro miedo familiar por mochila, ha tenido los ovarios de hacerse el Erasmus y ahora mismo se estará levantando, cogiendo la bici o saliendo a correr, o escribiendo lo justo en una libretita para discernir algo preciso, mientras consigue unos apuntes o un salmón demasiado caro en su super italiano. ¡Nuestra Deva, la que nos reclama y nos da! Deva que a sus veinte es ya menos un pelatito y más esa peña que desde la desembocadura del río Nalón, es el horizonte que celebro, honro y bendigo.

Nuestra Deva, sus ojotes, su sonrisa de persona de fiar donde las haya,
la mujer perfecta con la que orientarse en cualquier lugar

EVA

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