Estamos a tiempo

Momentos de la lectura de la tesis doctoral «Aora ce estamos a tiempo»
Autoetnografía de una autorización cultural

Carta de Flor

Querida Eva, 

Hoy es el tercer aniversario de tu nacimiento que celebro escribiéndote en este blog. Este año me pongo frente al teclado en una habitación del hospital La Fe. Papá cogió una neumonía que sólo avisó con delirios y alucinaciones. Ni tos, ni fiebre, ni nada que hiciera prever un problema pulmonar. ¡Qué extraños e inexplicables son los cuerpos ancianos! Toda la semana pensando en una posible infección de orina hasta que en el hospital debutó con una neumonía y una arritmia cardiaca que, por fortuna, van evolucionando bien. No le tocaba morirse pero durante las últimas 48 horas la muerte, los entierros y los servicios funerarios rondaron sus pensamientos… En su locura sobrevenida repartió su colección de sellos, marcó en el aire todos los números de teléfono que recordaba y habló con familiares para avisarles de la hora del entierro. También me pidió varias veces que me quedara sentada a su lado contemplando su muerte. A ratos era él quien fallecía y otras veces podía tocarle a mamá, a mí, a Tete, incluso a algún amigo cercano ya fallecido… Ahora las alucinaciones ya han remitido y vuelve a ser el de siempre, con todo lo bueno y lo malo que lleva consigo. 

A ratos pienso que la calma que ahora me transmite el hospital está compensando nuestros frenéticos días en Venecia, la lectura de tu tesis en Madrid y los delirios de papá que no se ha enterado de nada de lo acontecido en nuestras vidas. Bastante ha tenido él con los mundos que le ha generado la neumonía: además de su muerte, ha vivido rodeado de traficantes de drogas y con la casa repleta de fardos de cocaína; ha visto hombres que querían matarle y ha vivido angustiado por un billete de lotería premiado que tenía que repartir sin saber cómo ni con quién… Un desenfreno casi a la altura de nuestro viaje y de tu tesis. La vida y la narrativa emergiendo a borbotones para nosotras y para él. 

El año pasado te felicité impregnada de toda la tristeza y el miedo que se me incrustaron tras la DANA.  Ahora lo hago tratando de cauterizar la herida de nuestra última discusión  un poco antes de que cogieras el tren para leer tu tesis y de no saber si podría o no acompañarte dada la situación de papá. Un desajuste en el que me reprochaste que no tengamos ya a nuestros padres ingresados en una residencia y que no atendiera bien tu maternidad en solitario. Esas son algunas de las cosas que recuerdo… Hubo más reproches de ida y vuelta. Pese al calentón salí de casa pensando que era normal lo que nos estaba pasando. La vida nos desbordaba. Me calmé y pensé en las cosas en las que tenías razón y en cómo hacerlo mejor a la próxima… También analicé que los gritos provenían del estrés que te generaba la lectura de la tesis que no habías querido preparar para no contradecir el espíritu de la misma. Me quedé un rato colgando de la frase de que el viaje a Venecia, que hicimos las cuatro, previo a tu presentación, para ti había sido un acto de amor brutal, pero tipo martirio. En fin, un cierre por todo lo alto. Sabemos ya que a menudo la vida se viste de ese color gris ceniza que nubló Venecia durante los días que allí estuvimos. Y lo que nos permite seguir viviendo es encontrar belleza en esas tonalidades y no obsesionarnos con amaneceres de postal cuando el sol no quiere salir. 

Han pasado muchas horas desde la discusión. Al día siguiente conseguí llegar a la lectura de tu tesis y lloré mientras te escuchaba. Nos abrazamos para celebrar ese punto final a tu investigación. En estos diez años que has estado escribiéndola he ido viendo como ese texto se hacía inmenso. Durante tu presentación disfruté con tu pensamiento rizomático. Pensé que el efecto papagayo no ha hecho nunca mella en ti. Cada vez que me hablabas de la tesis me presentabas aristas diferentes. Y esta vez se formaron nuevos tirabuzones hechos de palabras como te dijo Natalia. Me maravilló la potencia de ese “Aora ce estamos a tiempo” que apareció detrás del silencio y el daño generados por la cárcel y la represión en nuestra familia. Y precisamente porque “estamos a tiempo” elijo quedarme con que seremos capaces de diseñar futuros que nos hagan bien a ambas, con que la palabra cerrará la enésima herida y con que prevalecerá el amor al dolor. Durante los cincuenta y cinco años que hoy llevamos juntas hemos conseguido no separar nuestros caminos, hemos encontrado siempre palabras para limar diferencias y aumentar fortalezas. Y como dices en el final de tu tesis es en el hueco que deja la arcilla donde ésta encuentra su utilidad. Así que estoy segura de que nuestra materialidad dejará hueco para albergar palabras que nos curen, que cierren heridas y nos ayuden a vivir mejor. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, SISTER!

Y precisamente porque “estamos a tiempo” elijo quedarme con que seremos capaces de diseñar futuros que nos hagan bien a ambas, con que la palabra cerrará la enésima herida y con que prevalecerá el amor al dolor.

FLOR


Descubre más desde

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Un comentario sobre “Estamos a tiempo

Los comentarios están cerrados.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Descubre más desde

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo