
Carta de Flor
Querida Eva,
Miro esta foto y pienso. Han pasado 9 años devastadores para ellos. Su entorno permanece. Su casa. El balcón donde ese día posaron y al que hoy ellos todavía se asoman con la verticalidad perdida. Ese espacio dónde ahora permanecen sentados en sillas o andadores. Junto a ese mantenerse erguidos también vuela su fluidez de palabra y los recuerdos.
La foto se la hice después de que Shaday Larios aterrizara en Valencia con su “maquina de la soledad” en enero de 2016. Aquella función teatral fue el regalo que le hice a papá por su 76 cumpleaños. Asistimos mi hija Deva, él y yo. Pensé que era un buen regalo llevarle al teatro para ayudarle a borrar la reciente muerte de Manuel, la tristeza que había en casa y el deterioro que se iba cebando con mamá. Quería que olvidara la vejez acechante y volviera a sentirse joven durante unas horas con una obra teatral que podía vincularlo con su pasado. Fue un desafío juntar en un teatro pequeño a un hombre de 76 años y a mi hija Deva que entonces tenía 11 años. Nos sentamos sobre unas incómodas tarimas puestas sobre el escenario y aún así caímos absortos en aquel montaje teatral sin actores pero repleto de objetos evocadores que nos hicieron viajar entre cartas y carteros; visitar rastros y abrir maletas con los que rememoramos a escribanos y amantes. Recuerdo aquel momento como uno de los mejores regalos que le he hecho a papá en los últimos años.
Después de ver su obra teatral Shaday contactó con nosotros para que le contáramos la historia de los papás, del alfabeto morse que unió sus vidas, de las cucharas mágicas con las que ellos se hablaban. Shaday dejó recogida aquí toda aquella conversación. Y como el pasado siempre vuelve… justo estos días se me reapareció aquel momento en que papá echó la vista atrás y recordó sus comienzos en la oficina de Telégrafos de San Esteban. Aquellos primeros telegramas que repartió a lomos de su bici de hierro, el primer muerto que vio al entregar un pésame y, en definitiva, todo lo que le supuso cruzar a sus 14 años una puerta que abría una fuga hacia el futuro.
Pensé al ver la foto que te lo tenía que recordar y que en este blog, que recoge nuestro léxico familiar, no nos podía faltar esta oda al telégrafo y a ese alfabeto morse, trazado con puntos y rayas que hizo casi real un amor en los tiempos del cólera para nuestra estirpe.
Aquella función teatral fue el regalo que le hice a papá por su 76 cumpleaños.
FLOR
Recuerdo aquel momento como uno de los mejores que he vivido con papá en los últimos años.
Carta de Eva
Querida Flor,
Del hilo del telégrafo pende casi todo lo valioso de nuestra familia. Para ambos ese trabajo fue una bendición que les sacó de vidas bien duras. Recuerdo cuando en la Sala de Aparatos nos dejaban pegar telegramas ficticios, coger el teletipo… ¡Qué emoción imitarles, sentada en sus sillas de trabajo con las piernas colgando!
En la adolescencia tú les enfrentaste duro. Luego ya pudiste plegarte, trabajar en lo suyo y ser su mejor versión. Ese respeto que tú ganaste, y yo aún diría que no lo consigo. Papá, de viejito, aún me desquicia con cierto modelo de patriarcado de osito de peluche con cuchillas de afeitar en las uñas que aún tan deteriorado con algunas caricias, te raja.
Ahora para seguir queriéndole, le desquiero un poco. Nos sirve. A los dos. Papá lo puso fácil y a veces muy muy difícil para ayudarle. Yo ahora he bajado mi dedicación hacia ambos un poco. Fueron una generación pinza entre la escasez y el enriquecimiento que les ha hecho muy conservadores y miedosos. Y yo necesito distanciarme de eso: no es sencillo crecer en potencia y generosidad, y lo necesitamos. Más que cuidar tanto, estoy aprendiendo a soltar. A Deva, a Laia, a mamá, a papá… En este ejercicio te agradezco inmenso que me traigas este texto.
Es precioso quedarnos en lo que fue bueno aunque fuera chiquito. Seguramente también eso nos lo enseñaron ambos, aunque no podamos precisar cómo lo hicieron. Es más fácil recordar lo malo, por eso escribimos. Para que lo bonito quede fijado.
Es precioso quedarnos en lo que fue bueno aunque fuera chiquito.
EVA

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