
Carta de Flor
Querida Eva,
Mi hija Deva partió esta mañana. Pasará su tercer año de Universidad fuera de España. Desde hoy y hasta dentro de unos meses no oiré su respiración por la casa. Me tranquiliza pensar que en su mochila ha cabido un puente habitado por mariposas y unas acuarelas que podrán ser refugio para ella.
Su larga ausencia me desafía. Nunca hemos pasado tanto tiempo separadas. El vértigo que da la lejanía y el miedo a los cambios se han apoderado de mis últimas jornadas. Desde hoy nuestras rutinas duermen en el cajón de la cotidianidad abandonada y he pensado en lo vitales que son para mí esas prácticas repetidas diariamente y lo difícil que se me hace llenar la vida de aventuras, viajes y experiencias cuando a menudo esos cambios me resultan como cortinas para protegernos de la insatisfacción en nuestro día a día.
Cuando tienes hijas un plural permanente entra en tu existencia. Desde el primer minuto comienzas a atesorar recuerdos a modo de muescas con las que trazar su camino de vida. En el caso de Deva tengo muy presentes los ritos de paso marcados en sus etapas académicas. Pero junto a ellos guardo momentos que revelaron procesos de madurez que fueron casi imperceptibles. Recuerdo una noche de otoño en Cuenca. Habíamos ido a escuchar la berrea y dejamos a Deva a cargo de unos familiares a los que ella conocía poco. Al volver nos dimos cuenta que con sus cuatro años, y en completa soledad, tomó la iniciativa de ir a buscar a una habitación desconocida y lejana unas botas nuevas al ver que sus zapatillas de deporte se le habían mojado tras meterse en un riachuelo. Desde aquel primer momento de autonomía hasta hoy Deva ha abandonado el suelo como horizonte mas cercano y también los brazos que le sirvieron de atalaya durante sus primeros años. Ahora ya tiene unas enormes alas y puede alzar el vuelo y a mi me toca abrazar este viaje iniciático a su madurez y darle infinitas gracias por ser un faro para nosotras.
Cuando tienes hijas un plural permanente entra en tu existencia. Desde el primer minuto comienzas a atesorar recuerdos a modo de muescas con las que trazar su camino de vida.
FLOR
Carta de Eva
Querida Flor,
Me dan ganas infinitas de copiar el poema ese que ha marcado toda mi crianza. Es de Khalil Gibran y se llama «Tus hijos no son tus hijos». Es de un poeta libanés. Hay por ahí traducciones diversas pero el centro del poema es dejar claro que una hija no te pertenece. Es la vida deseosa de vida la que nos atraviesa, esa vida que además «no retrocede ni se detiene en el ayer» y que, por lo tanto, insta a no procurar que tu hija se te asemeje. Más bien puedes «esforzarte en ser como ellas» y amarles, pero no retenerlas. «Tú eres el arco del cual tus hijas, como flechas vivas, son lanzadas /Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea hacia la felicidad”.
Es una propuesta inmensamente desafiante pero es mi credo y desde que nació Laia sé que lo que he de hacer es sostener con tino para soltar. Por eso, desde que se fue Deva he llorado bastante. Me desafía a crecer yo también para estar a la altura de cogerme un avión a Venecia con Laia e irnos a celebrarla hablando italiano mientras vemos otros mundos. A mí viajar no me gusta pero lo he hecho porque cuesta y además calma de las repeticiones asfixiantes, del achicamiento. Las vidas encarceladas de un solo horizonte pueden ser muy muy duras. No es que las mudanzas no sean duras, pero saber que hay mundos que no son el tuyo ayuda a escoger más lo propio, la vida de que te harás responsable. A no dar por supuesto. A no quejarte por todo. A celebrar.
La partida de Deva me desafía a no hacer duelo por los cambios, a atreverme yo también a nuevas cosas, tantas… porque cobardica es mi apodo. Crecer bien es complicado. Es facilísimo equivocarse, cargar a hijos e hijas con tus miedos y no compartir potencia… toda la que haga falta para que pase lo que pase, lo acojamos, lo amemos. Porque cuando crías vida el regalo es que la puedas criar toda y para siempre, incondicionalmente. Al menos el para siempre que nos sea dado vivir.
Crecer bien es complicado. Es facilísimo equivocarse, cargar a hijos e hijas con tus miedos y no compartir potencia…
EVA
toda la que haga falta para que pase lo que pase, lo acojamos, lo amemos.
Porque cuando crías vida el regalo es que la puedas criar toda y para siempre, incondicionalmente.
Al menos el para siempre que nos sea dado vivir.
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Como madre de tres hijas que también empiezan a volar, me reconozco en vuestras palabras, en las sensaciones, el orgullo, el nudo en el estómago. Mi padre me regaló hace mucho tiempo el poema de Khalil Gibran, cuando yo aún era muy joven para entenderlo. Ahora sí, subrayo cada letra. Un abrazo
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Hola Paula, qué ilusión me hace tu comentario.
Yo he seguido tu blog desde que hace bastantes años traté de utilizar el nombre cuadernosdetodo para otro blog que tuve y te habías adelantado 😂 Me sirvió para conocer tu blog y desde entonces he ido leyéndote de forma esporádica y agazapada…
Qué preciosa es la confluencia de caminos que nos brinda la escritura… y más en esta etapa de la maternidad en la que nos toca apoyar el vuelo de nuestras hijas.
Gracias por tu comentario y ojalá seguir escribiendo y leyéndonos por mucho tiempo.
Un fuerte abrazo.
Flor
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Qué bueno que la escritura haya cruzado nuestros caminos. Siento haberme adelantado con cuadernosdetodo… Me imagino a Carmen Martín Gaite pasándose por aquí a leer nuestras cosas. Seguimos escribiendo y leyendo. Un abrazo muy fuerte
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Yo sigo sintiendo que ese faro que fue para muchas de nosotras “Carmiña” sigue alumbrándonos y cuando vuelvo a ella siempre encuentro cercanas referencias a todo lo que me ha constituido como lectora y como persona que escribe para vivir mejor, para entender mejor lo que sucede alrededor y para cuidar mejor la vida…
Otro abrazo de vuelta y fue un placer encontrar tu blog. Seguimos en contacto.
Flor
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