
Flor, querida, leyéndote en el post que has escrito a propósito del video que nos hizo Laia, me doy cuenta que nuestra próxima entrada podría llamarse “las pillinas”. Pongamos un fotograma del video donde jugáis con las piernas en Renfe antes de salir el año pasado para Asturias. Interpreté ese vídeo que Laia nos envió como pura justicia poética. Ella me sabía triste, te imaginaba igual y nos montó ese video para ayudarnos a soportar esa verdad de la vida produciéndose “entre el miracle i el desastre”.
Nos quejamos demasiado del uso que hacen los adolescentes del móvil, pero yo no paro de flipar. Cómo trabaja la imagen la gente joven, cómo se comunican con fotos, y usan las fototecas para montar vídeos como el que nos hizo. Laia y yo además discutimos por Whastapp: nos va mejor escribirnos para medir bien lo que nos necesitamos decir aunque nos desafíe. Pelearse duele y con una hija, te funde. También te funde no impedir que un viejo deje de ser tu padre, asumir que ya no puedes cuidarlo es casi como renunciar a la fuente de todo sentimiento. Estos días me doy cuenta que cuando dudo si actúo bien con cómo tratarles mi mundo se tambalea.
Con todo, no somos de quejarnos jamás. No nos lo podemos permitir por eso activamos el milagro, la gesta, el salto mortal para que no nos pillen los relatos de la vejez, asimilándola a decadencia, tristeza, impotencia o abandono. Un viejo no te da lo que quieres, pero tampoco te devuelve lo que no le das. Nuestra tía Teté el otro día me dijo que habló con papá, su hermano y que él le dijo que si no en agosto, en septiembre se viene al pueblo. El tipo recién salido de la resi ya se ve para viajar. Me dio la risa. Pensé en Renfe, en las olas de calor, en mi último trayecto que acumuló cuatro horas de retraso y me dije ¡olé por papá! Total, nunca se sabe qué puede salir bien, aunque no es una reflexión que hagamos frecuentemente. Desde luego no tengo ni idea de qué nos va a pasar, pero sé que elegiremos la épica.
Para empezar en nuestra casa asturiana habitan ahora Deva y su pandilla del cole junto a nosotras. Veinte años después son una preciosidad de grupo, un milagro la continuidad de su afecto, como crecen tan distintos respetándose tanto. Lo he decidido: no voy a hacer drama si al final va y los papás no vienen este año. Abre posibilidades que no sea la necesidad de repetirse la que ha de ganar. Tampoco consentiremos el relato de la pérdida o la impotencia. Recuperaremos a las pillinas, a las bandidas, a las que escapan del cenicismo, del duelo anticipado, a las que defienden la alegría, la vida en la forma que escoja para cumplir con su función de querernos, aunque nos duela.
Querida Eva,
Te escribo unos días después de que lo hicieras tú y ya han transcurrido dos semanas desde que sacamos a papá de la resi. Desde entonces estoy internada con ellos, por voluntad propia, conviviendo con sus rutinas, apreciando sus necesidades y valorando si, dadas sus actuales circunstancias, puede ser mejor para ellos el cuidado en una residencia o en casa. Me pregunto a menudo si vale la pena el esfuerzo de tenerlos en casa o si las atenciones de una buena residencia les pueden ayudar a vivir mejor. Es un tema con tantas aristas que a ratos mis pensamientos se espesan y la vida me parece un lodo reseco que me impide el movimiento.
Mi ropa cuelga de la grúa que tenemos en su casa para ayudar a moverlos cuando han estado muy malitos. Los pocos libros que he traído se amontonan en la cómoda del que fue su dormitorio de matrimonio. Ahora ellos pasan las noches en dos camas articuladas en otra habitación doble más amplia. Estoy rodeada de pañales y he vuelto a las noches en vela de los primeros meses tras la maternidad, a calmar pesadillas y terrores nocturnos y a meter en la cesta de la compra toallitas y cremas barrera para el pañal. Por la noche los compresores de los colchones antiescaras llenándose y vaciándose alternativamente se convierten en un ruido blanco que oculta la respiración anciana.
Todavía no sabemos qué hacer con sus cuidados. ¿Dónde podremos atenderles mejor y darles más calidad de vida? A mí este año la gesta astur me parece más complicada que nunca y «las pillinas» que el año pasado viajaron en tren hacia el norte no sé este año donde llegarán. Nos rodean demasiadas incertidumbres y una única certeza: que sea lo que sea, lo haremos juntas.

Descubre más desde
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Me gusta el tono de vuestra escritura, despierta la empatía y vuestras reflexiones me traen muchos recuerdos y nuevos pensamientos.
Me gustaMe gusta