
Querida Eva:
Hoy celebro lejos de ti este cumple, sabiendo que del infierno nos han separado escasos kilómetros y sintiéndome más cerca que nunca de esos fantasmas que asaltan a mamá cuando se pone nerviosa y la hacen ver y sentir que hay agua por todas partes. Alucinaciones que son las secuelas de la riada de 1957 en su memoria. Me pregunto que dejará en la mía esta del 2024. Desde luego tendré grabada la noche insomne del 29 pensando en las miles de personas que no verían la luz el día 30 y el miedo que sentí la noche del día 31 de octubre cuando, intentando llegar a Torrent, acabé en el lodazal de una Aldaia sin suministro eléctrico, todavía sin intervención militar, con coches destrozados y apilados por todas partes, con personas embarradas vagando con frontales por las cunetas y sin rastro alguno de lo que había sido aquel pueblo 48 horas antes. Esa noche solo quería salir del Apocalipsis y olvidar aquel paisaje. Mientras circulábamos por allí, recé para que el coche no quedará varado en aquel fango que había hecho desaparecer las calles.
No voy a olvidar nunca todo lo horrible que nos ha traído esta tragedia pero tampoco quiero que esa memoria me quite las ganas de vivir. Así que, mirando esta foto que nos hicimos hace décadas, voy a celebrar que hoy respiramos y que tengo toneladas de ganas de abrazarte y de agradecerte ese lenguaje nuevo que me regaló tu nacimiento. También sé que lo mejor que hoy te puedo ofrecer son estas palabras.
Feliz cumple, hermana, y ojalá la vida nos permita que este blog no desfallezca y que nos siga ayudando a entendernos, a cuidarnos y a vivir mejor.
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