
Eva:
Esta mañana me ha venido a la mente mi libro de inglés de EGB Peter and Molly que nos enseñaba a aprender una lengua con frases como mother looks and father smiles. Luego he recordado la nana que canté en bucle a Laia, ese Summertime que es un standar de jazz donde puedes en mil tonos distintos repetir a tu hija eso de «Summertime/And the livin’ is easy/Fish are jumpin’/And the cotton is high/Oh, your daddy’s rich/And your ma is good-lookin’/So hush, little baby/Don’t you cry». («Es verano y la vida es fácil/ Los peces están saltando y el algodón está alto / Tu papá es rico y tu mamá es guapa/Calla, bebé, no llores»).
Las primeras frases con las que aprendí una lengua describen lo que hago con mis padres, mi hermana y mi hija. Y me impresiona la plenitud que me produce ejecutar acciones teniendo cerca a mi madre, incluso cuando no calla y así estuvo las cinco horas y media del trayecto Valencia-Asturias; de nada nos sirvió ponerle las gafas de sol, la almohadilla para dormir… solo dejaba de hablar para respirar como en la foto que nos hizo Flor.
Cuando me desbordo me aparece el concepto de justicia por ahí, y me digo que ya ha estado bien de cuidar, que hace catorce años de su ictus y poco después enfrentamos el cáncer de Esme y Manolín y Teté… y pienso que desde mis quince a mí nadie me cuidó tanto. Aunque lo de las balanzas no compite con la plenitud de los significados de las canciones de cuna. El final de Summertime borda eso de nada podrá dañarte si papá y mamá te rondan…«There’s a’nothing can harm you/With daddy and mammy standing by ».
Me temo que la plenitud no va de ojo por ojo, de cuido por lo que me cuidaste; no tiene que ver con dar lo recibido sino con agrandar las posibilidades de lo vivo. Sin ir más lejos la mente de mi madre, su intelección, te expone a un funcionamiento orgánico increíble. Su ironía fina acompañando semejante demencia, no me parece posible; aunque yo me grabé a fuego esa frase de Zambrano: no se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero. Y estos viejitos han pasado de no moverse del sofá a habitar el AVE cual ejecutivos. Incluso mi madre a ratos últimamente se calla y nos mira con un amor de hace diez años y mi padre sonríe y es Summertime.
Flor:
Ay, Eva este es nuestro Summertime asturiano, ese tiempo que nos sitúa frente la desembocadura del Nalón desde hace más de medio siglo. Los últimos años, al marcharnos, pensamos que estos veranos juntos ya no se repetirán más, bien porque alguno se vaya definitivamente, bien porque traerlos sea imposible. Y estos días me he preguntado qué es lo imposible. Este año llegar hasta aquí con ellos se antojaba una locura. Mamá ya depende de una silla de ruedas para desplazarse y la fuerza de sus pasos alcanza para recorrer un escaso pasillo. Papá se desmaya a menudo y también camina ayudado por un andador. Trasladarse casi novecientos kilómetros con los dos ha supuesto semanas de planificación, de cuadrar agendas médicas, de preparar intendencia de medicamentos, pañales y demás gadgets de los que depende su bienestar. Los días previos al viaje un escenario apocalíptico interrumpía mis noches. La realidad resultó mucho más placentera, pero nadie te anima a una aventura así. Tuvimos que preparar cosas con las que entretenerlos en el viaje, prever complicaciones… Viajar con viejos se asemeja a hacerlo con niños, pero con el desafío de que la enfermedad y la muerte acechan desde más cerca: desmayos, subidas de tensión, atragantamientos, diarreas súbitas… Llevábamos previsión para casi todo, pero nada ocurrió más allá de que mamá efectivamente no calló y para que hablará bajito tuvimos que tranquilizarla a base de caricias, paciencia, analgésicos, ensaladilla rusa y agua.
Estos días disfrutamos cuidándoles aquí, paseándoles por la barra de San Esteban como una extraña pandilla. Laia juega con el carro y con mamá. Papá no siente que su vida anterior ha sido completamente devastada por el deterioro. El esfuerzo ha sido brutal. Hemos desafiado esos cánones que invitan a la inmovilidad con los ancianos, pasando de lo que parecía imposible a lo verdadero, un año más, pensando que quizá no será el último.
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