
Flor:
El blog acaba de cumplir un año y estamos felices porque, tal y como nos propusimos en el post inicial, hemos utilizado la palabra para crecer juntas y vencer a las agazapadas.
No ha sido un año fácil. Mamá y papá han crecido en dependencia y hemos sumado enfermedades, caídas, ingresos hospitalarios, sillas de ruedas, médicos y pastillas a nuestra cotidianeidad. También ha aumentado el gasto familiar llegando a hacerse casi insostenible y dejándonos en la tesitura de tener que valorar el ingreso en residencias. El blog nos ha servido para desahogarnos y mostrar nuestro sentimiento de maltrato por el sistema asistencial y sanitario. Aquí también hemos encontrado espacio para la reflexión y el aprendizaje de los momentos duros. Esta escritura se ha convertido en salvavidas cuando todo parecía derrumbarse y en la caja donde atesorar los momentos más bonitos del año.
Hemos dejado en esta ventana digital más de veinte mil palabras y cerca de tres mil personas han asomado la cabeza por aquí. A cualquiera le puede parecer una cantidad ínfima pero para nosotras es un auténtico regalo que nos ha ofrecido este espacio. Así que un INFINITAS GRACIAS a todas esas personas a las que ponemos cara y que en algún momento nos habéis escrito, nos habéis animado en los momentos duros o habéis celebrado la vida con nosotras: Luisa, Sonia, Pili, Bego, Carmen, Deva, Laia, Ofe, Nuria, Marga, Amparo, Virginia, Alf, Ana, Alicia, Flor, Pepa, Natalia, Eider, Diana, Cris, Loles, Fernando, Amador, Benja, Juan, Clara, Carme, Olga, Silvia, María, Empar, Esther, Alfonso, Ana Belén, Julia, Silvia, Inma, Berta, Gemma, Gerardo, Susanna, Loli, Elena, Esperanza, Pedro, Xelo, Anna, Angela, Carme, Alfons, Oscar, Juan Carlos, Pi, Mariajo…
Eva:
Leyéndote me quedé pensando en la fecundidad del agradecimiento. Sentir tanta gratitud con tantas personas implica que nos hemos hecho mucho bien. Justo cuando mamá y papá se comunican menos y de manera más caótica, nos propusimos esta correspondencia abierta. Y de repente, se ha comunizado nuestra familia y así, Diana nos puede ofrecer su dedicación a la vejez y a su madre que murió, ayudando a la nuestra. Yo creía que estábamos más preparadas para este proceso, pero no, no lo estábamos. ¿Quién nos iba a decir hace un año que la búsqueda de residencias iba a ser tan luminosa? Porque ya no sé si pasará para mamá o papá; pero yo me imagino plena envejeciendo en la residencia que dirige Julia. Dura la vida, por duración y dureza y ahí está el mérito de vivir.
Buscábamos una foto para el post… y de repente, WordPress nos informa que Te hablaré de mamá ha tomado el control de la entrada… ¡Se lo cedemos!
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