
Flor:
Eva hoy es tu cumpleaños y lo celebro mirando esta foto en la que tú eras una recién nacida y yo una hermana mayor que estrenaba ese papel. No tengo idea de lo que pensé en ese instante pero hoy esta imagen me produce una ternura inmensa. También me hace consciente de los miles de días pisados juntas desde ese momento hasta hoy, cincuenta y tres años después.
No sé situar mi primer recuerdo contigo pero se me viene a la cabeza el cuarto en el que dormimos juntas hasta que entramos en la adolescencia y cada una consiguió su “habitación propia”. Aquel dormitorio con muebles de formica lacada en tono beige que combinaba con un marrón más subido en los cabezales. Nuestras camas las separaba una mesita. Muchas noches tenías miedo y me pedías la mano antes de coger el sueño. “Tata dame la mano”, me decías. Soy feliz porque ahora juntamos nuestras letras para hacernos más fuertes y encontrar nuevos caminos cuando la vida nos desafía y todavía nos ronda el miedo.
Hemos aprendido a tejer una red que nos sujete sin asfixiarnos. Tomamos nota de mamá y su hermana, tan distintas pero tan unidas hasta el último aliento de Meme. Hemos agrandado la red más allá de lo consanguíneo con familias eméritas y abundantes y volado con una bandada de pájaras que acompañan nuestras vidas desde hace décadas. Y hemos sentido como grandes referentes de hermandad a las Martín Gaite o las Zambrano…
En estos cincuenta y tres años hemos compartido lecturas, militancias, trabajos, pisos, amistades, maternidad, crianza. Aún así no voy a decir que todo fue fácil. Tener una hermana es llevar permanentemente un espejo a tu lado que te puede devolver lo mejor y lo peor de ti, un libro con tu historia personal que te recuerda cómo eras y cómo decías querer ser. En este tiempo también han emergido desencuentros pero hemos conseguido mirar el dolor, habitar el error y luchar contra nuestros trolls. Y, en los últimos años, poner en marcha algoritmos para matar a las agazapadas y buscar la potencia de lo común.
Hoy celebro este blog que me ayuda a sentirte más cerca, pese a los 900 kilómetros que nos separan. Hoy me salto nuestra correspondencia de ida y vuelta, no sin cierto pudor, para brindar por la sabia y hermosa mujer en la que se convirtió el bebe de la foto.
Feliz cumple, narizotita, y ojalá seguir recorriendo un millón de vidas contigo.
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