
Eva:
Flor, mi vida, recién me ha mandado Natalia un mensaje para decirme «Es importante lo que escribimos, Eva, querida». Y me ha salido esta otra frase con la que titulo esta nueva invitación a escribirnos que te hago. Pues sí, ¡nos lo tenemos que contar!
Amo escribir desde un nosotras. A menudo me siento más un nosotras que un yo. Me es más razonable hablarme en plural porque estoy en las personas a las que quiero. El otro día me hice pasar por ti para una gestión y me sentí tan a gusto. Adoré ser tú por un ratito y ¡me fue tan sencillo! Me pareció una prueba del amor que nos une. Y me pareció más verdad que tanta obsesión con considerarse yos. Tanto individualismo necesita del dominio, del sometimiento.
Llevo días y días con lo de los fractales y lo que nos enseñan: sobre todo a aprender a apreciar la infinitud de la naturaleza y comenzar a medirla justo porque saben que nunca la podrán medir. La geometría fractal comienza a dar medida del mundo algo que no consiguió la geometría clásica. El amor clásico tampoco sabe amar naturalmente, sino no dominaría. Para comenzar a comprender es bonito pensar el asunto de las fronteras, y cómo cuánto menor es la escala en la que quieres medir algo, mayor es su longitud. Es decir que cuanto más de cerca aprecias un área, su perímetro va haciéndose más grande.
Cuanto más cerca, más espacio se abre. ¿No es maravilloso? Por eso creo que son preciosas esas incursiones que hacemos en la vida de papá y mamá: cada convivencia abre un descubrimiento. Y bueno, como creo que me he explicado regular, enlazo a un vídeo de youtube que me encanta y me permitió sentir lo del perímetro infinito que abre quererse.
Flor:
Querida Eva, me fascinó el video de los fractales. Explica cosas sobre las que nunca me había parado a pensar. Una de ellas ese perímetro de Gran Bretaña que depende con qué lo midas puede ser infinito. Qué maravilla esos fractales que dan valor a lo más pequeño, ahondando en la milésima para convertirla en infinitesimal.
Quizá este blog también tiene algo fractal porque nos permite darle un valor infinito a esa centésima de segundo en la que fuimos felices. Esta correspondencia escrita desde ese nosotras que consigue detener el tiempo para medir la crudeza de la vida con el reloj de la ternura.
Quizá tú y yo también somos como un fractal que se desdobla y se replica, haciendo infinito ese perímetro de la sororidad y el amor que nos une desde hace medio siglo. Gracias por mostrarme esa matemática infinita que superó la geometría haciendo más hermosas nuestras vidas.
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Me gusta tu entrada, ese amor que, parece de hermanas, es un amor inmenso y lo describes muy bien, además muy bien escrito.
Enhorabuena!
Un abrazo 🌷
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Muchas gracias por tu comentario. Somos un poco desastre con la revisión de comentarios… por eso hemos tardado en contestar. Y un millón de gracias por leernos.
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