¿Se acabó?

Flor:

Ay Eva, releo nuestras conversaciones de las dos últimas semanas y se me encoge el alma pensando en la cantidad de horas que hemos pasado con burocracias médicas. Y no hablo de hacer tiempo en una sala de espera, sino de buscar especialistas entre listas interminables, averiguar prestaciones, gestionar visados y recetas, analíticas, pruebas… Son horas y horas restadas directamente a las caricias y las conversaciones con mamá que aunque sean repetitivas y absurdas, cuando consigues el tono y la mirada adecuadas, calman el alma.

Sucede que estos trámites se han convertido en el pan nuestro de cada día de quienes tenemos asistencia médica como mutualista en compañías privadas.

Da ganas de tirar la toalla y dejar que la vida siga su curso de manera natural, sin tanta intervención. Lo malo es que ya estamos en la rueda del sistema médico y farmacológico, que nos ha vendido que los pastilleros de los ancianos son como las bolitas del rosario para los cristianos. Vas pasando cuentas y consigues la vida eterna…

No sabes cuánto agradezco que nosotras nos hayamos prescrito este blog como receta contra el desasosiego que genera tanta burocracia y tanta química galopando descontrolada en el cuerpo de dos ancianos.

Eva:

No estamos pasando por un momento fácil con los papás. Se nos desmoronan. Las bolitas del rosario de pastillas no sirven. Mamá no descansa, ni deja descansar a Elda, ni a papá, como no nos dejó descansar en el verano. Cuando acudes a un especialista, el especialista te pregunta a ti, su hija de oficio periodista que por qué toma medicamentos que no se atreve a dejar de administrarle. Y entonces te insta a que busques un internista en el propio hospital para el que él trabaja; pero resulta que el libro de la compañía que contrata con la mutualidad y el propio hospital no tienen acuerdo y resulta que de los cinco internistas que lista el libro de facultativos, solo uno atiende de verdad. Los otros te atenderán muy entrado 2024 o ni eso. Entonces te has de violentar y preguntar ¿y pagando una consulta privada del todo? Entonces sí, te dicen…

Tras uno de los teléfonos el otro día apareció un médico internista. Su voz de cura me instaba a pedir consulta por whastapp. Con reverencia inmediata escribí la petición de cita advirtiendo que papá es mutualista y me contestó: «para medicina interna no tengo citas». Yo le respondí «muchas gracias». Y él me respondió «a usted». Quise escribirle que me aclare quién miente: si él, la compañía o la mutualidad. Inmediatamente, mi engranaje de sometida que se violenta ante cualquier enfrentamiento, empezó a justificarle, compadecerle y maldecirle todo a la vez.

Me calmé, segura como estoy de que hay que cuidarse de la autoridad falaz porque te corroe por dentro. Aunque juro que le voy a mandar un mensaje yo, cuando lo afine bien, para hacerle saber que ningún médico de los que han atendido a los papás sigue vivo. Mal oficio pluriemplearse en la sanidad privada, concertada y pública y encima seguir mirando la peseta como si no hubiera un mañana. Que efectivamente, para bastantes como él no lo habrá. Entre tanto esta panda controla los colegios de médicos, así estamos, con los números clausus de medicina altísimos en la educación pública y bien previstos para endeudarnos de por vida, en la privada. Estado franquista, gremial, no solo para las jugadoras de fútbol… para envejecer dignamente también.


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