
Eva:
Me gustó haceros esta foto furtiva el otro día… Paseábamos por Gestalgar con Alfons y Oscar maravillados por la fuerza del agua. Yo encontraba rastros por todas partes de lo que estaba buscando: desde el pan al teatro, a la pasión por describir las fuentes de energía, al río, a «Claudio mira» que es tu libro favorito de Alfons porque va de hermanos que no se abandonan.
Estoy dejando que ese panteísmo vitalista del anarquismo del abuelo me colme. Si puede darme miedo todo, quiero sacar valor de todo. Paseábamos y recitaba el pensamiento del abuelo en la cárcel tras perder la guerra. Su «ahora que estamos a tiempo» que no admitía derrota. Su propósito de que sus hijas y sobrinos, a quienes también cuidó, no pasaran lo que él pasó de niño, cuando vivía en la casa del barranco y les mandaban a comprar sin dineros.
Todo el paseo me dejé llenar de la fuerza y el coraje que acogió su río, su tierra roja y sus comunidades libertarias de la Serranía valenciana. No recordamos lo que los abuelos nos contaron, pero sí sabemos que nos constituyeron el comportamiento y gran parte del gusto. Juraría que por ser niñas, nos hablaron sin tanto miedo de su gozo libertario. Pero no puedo asegurarlo. Con Oscar y Alfons las palabras jugaron de otras formas… Del Tío Narciso hay hasta unas memorias escritas que Oscar nos acaba de enviar. Alfons dedicó a su padre su «Otro mundo» porque todas las palabras hubo de escribirlas su hijo… Con todo mirándonos andar me convencí de que nos hicieron gente integra con tendencia a la plenitud.
Flor:
Había leído a Alfons: sus columnas, algunos de sus libros. También había escuchado más de un discurso suyo en alguno de los cientos de actos en los que ha intervenido. No habíamos coincidido nunca en su casa ni en su territorio más íntimo, pero qué bonito fue compartir con él y con Oscar este paseo hasta la Peña María. Volar con la energía del agua cayendo del Derramador, mirarnos en el espejo de las fuentes que bordean el cauce y sobre todo escucharnos hablar en ese espacio mágico que ha inundado sus novelas. Nuestro deambular, además de para contemplar el paisaje, sirvió para compartir nuestros silencios familiares, esa mudez que en el caso de Alfons generó un libro.
Mirar a su hermano y amar ese cuidado familiar que está en la base de este blog y en sus libros. Observar esa coherencia plena entre vida y escritura. Traer de nuevo a la luz a Narciso, el tío de Oscar e hijo del Narciso Poymerau que sembró la utopía libertaria entre estas montañas y de la que también somos nietas. Conversar sobre ese pasado, que tiene tanto futuro y que nos ha unido a Oscar para cuidar la historia que nos ha construido y a la que no queremos renunciar.
Y, sobre todo, pasear por la orilla de ese Turia que desde hace unos años se ha convertido en uno de los ríos de nuestra vida.


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