
Eva:
Flor, mi vida, ayer le estuve contando a Laia nuestros planes veraniegos. Para nosotras renunciar a juntar a toda nuestra viejambre en Asturias en verano es impensable. Los recursos seguros de antes ya no nos fían más créditos. Le comenté toda orgullosa: Flor se trae a los buelines en coche, ya lo tiene todo organizado, compran uno nuevo y se vienen los cinco. Estaba exultante, presumiendo de hermana mayor. No tardó un segundo en responder: está loca, si Teté no lo aguantó en la pandemia, casi le da un parraque al llegar. Pensé de inmediato que Deva también te había advertido. Y me dije para Deva y Laia este riesgo no compensa, no tiene épica. Para nosotras sí.
Cuidar decrepitudes no es glamuroso pero necesitamos darle la vuelta. Le iba a recordar el viaje final del padre del hermano negro de la serie This is us… Es un capítulo maravilloso, pero no quiero convencerlas. No lo ven y hay que oírlo. No estamos de acuerdo en todo y está bien. Ellas han de aguantar también nuestras caras de póker cuando las vemos con sus amigas riéndose en bucle. Sus escenas se parecen más a un anuncio de Mahou aunque me resisto a victimizarnos; ellas también sufren. Cada etapa tiene lo suyo.
Tú y yo necesitamos que pueda salir bien. Sacarles de 40 grados en Valencia a 22 en Asturias y juntar a los hermanos que aún quedan, merece el riesgo. El mal ya lo tenemos y de repente si la circunstancia cambia, su ser puede cambiar también. ¡Han sido tantas veces que Asturias les ha revivido!
Ahora recuerdo cuando el verano pasado me los llevé a la barra el día de niebla más densa. A papá se le pusieron ojos de niño, agarró a mamá del brazo y de repente, 15 años se les evaporaron con la bruma. Por un cuarto de hora echaron a andar raudos, emocionados, barra adelante, buscando el centro de la tormenta. Papá nos trajo historias de cuando fue cabo de luces en el crucero Canarias donde azotaba un atlántico a la altura del Titanic. Mamá, más divertida que despistada, desplegó la mano sobre sus cejas y se puso a otear como si estuviera a punto de llegar a América o hiciera un sol radiante… Les grabé un video donde están tan cómicos.
Así que sí, hay que lograrlo Flor… pero yo diría que nos hacemos tú y yo un Thelma y Louise con sus casi difuntos padres que yo los cambio por el Brad Pitt actual, sin problemas. Esto que hacemos en verano es subir un ocho mil y hay que planificarlo bien. Nuestro This is us merece un buen guión. Escríbamoslo.
Flor:
Ay Eva… la blogosfera está llena de entradas sobre cómo viajar con niños por cualquier parte del mundo, pero cuántos relatos nos faltan de cómo movernos con ancianos dependientes. A nadie le cabe en la cabeza que la vida sólo acaba cuando mueres. Y mientras no llegue ese momento hay que mantener ese viaje anual que comenzó cuando éramos pequeñas y papá nos llevaba en el asiento trasero de aquel SEAT 850 que recorría 900 kilómetros en quince horas para cruzar España y devolver a nuestras retinas el verde que nos envolvía tras coronar el Puerto del Pajares. Era el viaje mítico de la infancia. Papá se convertía en un Ulises tratando de llegar a Itaca…
Ahora somos las del asiento trasero quienes nos hacemos cargo de dos viejitos frágiles, de su escasa movilidad y de ese deterioro cognitivo que llevará a que mamá no pare de preguntar dónde está desde que se suba al coche. Sé que no nos quedará otra que cogerle la mano, abrazarla, pedirle que respire, que se tranquilice diciéndole que en breve llegaremos a un sitio donde ha estado cientos de veces y donde la quiere todo el mundo. Y entre todo esto trataremos de que durante el viaje duerma algún rato.
Pese al riesgo no quiero renunciar a ese cambio de escenario y a esa costumbre que se viene repitiendo desde hace décadas. Sé que para papá quedarse en Valencia sería casi un punto y final a su vida. Merece ese viaje de vuelta a su casa asturiana. Así que voy a seguir preparándolo todo para nuestra épica aventura.
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