Escribir sobre la vida

Flor:

Hoy pasaron aquí el día los papás. Mamá al volver a su casa estaba completamente perdida. Preguntaba continuamente dónde estaban sus hijas. Aún siendo consciente de que yo era una de ellas, estaba empeñada en que tenía muchas más. Cuando su deterioro es tan evidente trato de que se distraiga con algo: poner la tele, que haga algo que la ayude a olvidar su desconcierto, o la abrazo y la beso, le digo cuanto la quiero y lo guapa que la veo… y así intento que olvide lo que la aturde. A veces me funciona, otras no. Tengo la fortuna de poder escapar de esos bucles. Ella suele salir, bien porque se le olvida o porque papá la riñe y ella le hace caso y deja de preguntar y de hacerse líos… Pensando en esto me ha venido a la cabeza el libro de Annie Ernaux “No he salido de mi noche” en el que la premio Nobel relata el periodo que su madre con Alzheimer pasó en una residencia hasta morir.

La dependencia es difícil y saber afrontarla con el convencimiento de estar haciéndolo bien, imposible. Pese a todo somos unas privilegiadas por ser capaces de encontrar potencia y abundancia en el deterioro. Esa sensación de que nuestra energía todavía les es útil. Ese agradecimiento a través de un beso o un abrazo; esa caricia de manos que todavía me lleva a la infancia; esos ojos que a veces se pierden, pero otras veces contienen toda una vida en la mirada. Todo eso sigue existiendo y dando fuerzas para desear que sigan ahí. Sé que no estoy preparada para soportar el abandono y la desprotección que mostraba la madre de Annie. Para tanto dolor. 

Pocas cosas me gustaron del libro pero decía la autora que “escribir sobre la propia madre plantea, a la fuerza, el problema de la escritura”. Y quizás por eso este blog. Está claro que escribir sobre las madres es escribir sobre el tiempo y, al fin, escribir sobre la vida.

Eva:

Me leí el libro en el tren porque me lo pediste y te lo llevé desde la librería de Madrid. Sentí desasosiego, incluso molestas punzadas de dolor cuando reconocía en la madre de Annie episodios de comportamiento iguales a los de mamá. Recordaba cuando al ir al parque con Laia veía que otras niñas gritaban y saltaban igual más o menos a la misma edad. Mi niña, tan especial para mí en mi encantamiento con su crianza, era ordinaria. La autenticidad es un hallazgo porque somos casi iguales, pero también absolutamente únicas. Cuando lo acabé concluí que «No he salido de mi noche» me resultó un poquito pasado de drama. Sé que eso a veces pasa por alta literatura pero a mí no me interesa. Pensé: otro Nobel generador de mal rollo. Me pareció que mis oportunidades para Annie habían tocado a su fin, porque justo acababa de estar con una mujer preciosa de unos setenta años que se había leído toda su obra este año y estaba francamente deprimida.

Ya sabes que a eso de preguntarme a qué ficciones damos verosimilitud y qué nos hace creer en unos u otros relatos, he entregado mi vida. Total que acabé el libro porque era corto e iba en el tren. No quiero leer historias deprimentes sobre madres con demencia porque a mí, desde el ictus de mamá hasta la demencia delirante que la habita ahora, no me sirven: ni para quererla mejor, ni para disfrutarla más, ni para incluso asumir que ya no está tantas veces. O que su estar abre otras oportunidades como esa de ver a tus muertos y metértelos en la cama, que es un asunto que a mí gusta imaginar que implica que le va dando menos pena morirse. Y eso es algo que hay que agradecer.

Así que sí; me quedo con esa maravillosa frase y me hago saber que nos hemos trabajado «la fortuna de poder escapar de esos bucles» de angustia, de desasosiego, de dolor… que suceden; pero opto por rehusar de su interés y su potencia. Fíjate que ahora releo el texto para corregirlo y me da la risa pensando en mamá esa tarde buscando otra descendencia, ¡como la que yo me inventé de niña! Bien visto, pasados los años Flor la «sororidad» ha sido nuestra apuesta fuerte. ¡Pues no gustamos nosotras de hermanarnos con otras! ¡Madre mía! Y volviendo a la verosimilitud, aseguraría que ninguno de los relatos de las cuidadoras sobre mamá han contenido tanta oscuridad como la que contiene ese que no sale de su noche. Es un titulón y conste que respeto la necesidad escritora y el deseo lector de cada quién pero yo de mamá prefiero escribir sobre sus ganas: de comer, de bailar, de vivir y a ratos igual hasta ¿de morirse?


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