Hablaremos de mamá

Flor:

Fue tan impactante cuando hace unas semanas, en casa de mi tía Meme encontré esta imagen en la que soy igual que mamá: mismo gesto, mismo perfil. De hecho yo soy la niña que aparece en el primer plano pero mi yo actual se reconoce en la mujer tumbada que es mi madre. Averigüé en esa foto de dónde nos viene esa potencia que tiene la maternidad; el amor infinito que ahí ponemos y que sale, sin duda, de nuestro instinto de supervivencia y de conservación. Vi claro, a través de esta foto, que quedando quienes nos siguen, seguimos. Observé que mi madre ahora es una réplica de mi abuela, que yo soy un calco de mi madre en esta foto y que quizá Deva sea parecida a mí conforme se acerque a mi edad.

Al encontrarme con esta foto he visto encarnada la inmortalidad. He pensado que quienes nos suceden nos hacen sobrevivir a la muerte. Y no se trata sólo de tener o no hijos, hijas…, sino de dejar huella sobre las personas que amamos. Una sensación que ha quedado hilvanada con el fantástico libro «A la salud de los muertos» que acabo de leer, editado por ti y escrito por Vincianne Despret. Un revelador ensayo que me ha ayudado a pensar en cómo seguimos existiendo después de nuestra muerte.

Eva:

Yo ese instinto de conservación lo siento muy expandido, muy extenso. Me calma pensar que partes microscópicas de mí serán fecundas cuando muera. El tío Manolo sobrevive en el manzano de la huerta que empezó a dar sus mejores frutos al él morirse. Siento pues esa potencia de la maternidad, pero también la potencia de la vida compartida. Me gustó eso de pensar en la crianza como algo social, ahora veo que el término se queda corto para lo que voy experimentando. Para mí tú eres el suelo en que más confío porque eres mi igual. Y me interesa creer en lo determinante del vínculo con tus iguales. Me impresionó, ¿recuerdas? aquel libro de El Mito de la educación donde lo explica su autora tan maravillosamente. Tú eres, de esa familia que fuimos y seremos, mi más igual. La permanencia tras la muerte, más allá de esa genética está la epigénetica, la de esa gente con la que compartes virus, bacterias, y a quien también te acabas pareciendo porque has convivido toda la vida. Entre nosotras hay una continuidad, pero también entre Laia y Alfonso aunque no sea su padre biológico.

Me apunto pues a lo de la inmortalidad. Mamá, además, nos ha enseñado con sus delirios -que les llaman los médicos- a que parezca que está viva la Meme. A mí me gusta imaginar que la veo. De hecho, ahora, con su nueva medicación -la quetiapina- nos están quitando al espíritu de la Meme que mamá nos traía a casa todo el rato. Y echo de menos su espíritu como a la mami que se nos va… A ratos quiero simular que mamá se muere y lo soporto. Pero no me sale. Lo tendré que llorar cuando toque. Como ahora toca celebraros para toda la eternidad. ¡Cuánto me quería ahí mami! ¿Cómo pude de niña dudarlo ni un poquito?

(Seguro que la que hizo la foto fue la Meme, la tía Esme, Esmeralda, nuestra segunda madre).


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